Toda vocación tiene su inicio, nadie nace con ella, tampoco la compra a la vuelta de la esquina, mucho menos se roba o pide prestada.
La vocación como semilla cae en el corazón de todo Cristiano, desde el Bautismo somos llamados a la Santidad y el único Santo es Cristo, nuestro Señor.
La vocación como roció matinal nos invade y es Cristo que nos invita a desarrollar nuestras potencialidades.
La vocación se cuida, cultiva y protege como regalo Precioso del Eterno. No se deja de lado por intereses personales, tampoco se le relega al carrerismo que tanto daño hace.
Vive, ama y cuida tu vocación, todos somos llamados para algo, pidámosle al Señor que nos ayude a descubrirla.