No sé si les habÃa comentado lo mucho que me gusta la Navidad y en especial los dÃas previos a su llegada. Leyendo encontré el manual La flor de la liturgia renovada, (1984) y en el encontré lo que ya habÃa notado, que en la última semana son incesantes los saludos de bienvenida, y de múltiples tonos. Ya las laudes del IV domingo cantan asÃ:
“Tocad las trompetas en Sión, porque el dÃa del Señor está cerca, y viene a salvarnos, aleluya. Se enderezarán los caminos tortuosos, los ásperos se allanarán. Ven, Señor, no tardes. Corred a Su encuentro. Es el Dios Fuerte, el Dominador, el PrÃncipe de la Paz, aleluya…”.
Y sigue, un dÃa y otro y otro:
“Felices los que salen a Su encuentro. Con El llega la plenitud de los tiempos; viene a salvar a su Pueblo; nos trae la Gracia y la Verdad; ¡no tardes, Señor, en llegar hasta nosotros, tienes
que lavar a tu Pueblo de sus maldades!
Y la vÃspera de Navidad rezaremos:
“Judea y Jerusalén (es decir el mundo entero) no temáis, esperad con paciencia: mañana, cuando salgáis encontraréis al Señor con vosotros, aleluya. Lo veréis lleno de gloria. Mañana desaparecerá la iniquidad de la tierra; mañana reinará sobre nosotros el salvador del mundo; mañana seréis salvos”
“Mañana saldrá, como el sol, el Salvador del mundo, y
descenderá al seno de la Virgen, como la lluvia a la pradera, aleluya”.
Cada antÃfona está cargada de un gozo pascual, alegrÃa sobrenatural y regocijo espiritual por el advenimiento del MesÃas y Salvador.
Pero, de todas las antÃfonas de Adviento, y de toda la liturgia, las más solemnes y célebres son las siete Grandes AntÃfonas “O”, de las vÃsperas d
el dÃa 17 al 23 de diciembre, otros los conocen con el nombre de los “Gozos del niño Dios”. Asà se llaman porque todas empiezan con esa exclamación y un tÃtulo bÃblico para el MesÃas prometido, y por llegar.
Durante ese septenario, dichas antÃfonas preceden y siguen repetidamente al cántico mariano “MagnÃficat”. Doctrinalmente sintetizan el meollo de la historia de la salvación en forma oracional, contundente, apremiante, siempre actual. En la liturgia de las horas las encontramos en el cántico evangélico de las vÃsperas, veamos cuales son:
¡Oh SabidurÃa, que brotaste de los labios del AltÃsimo, abarcando del uno al otro confÃn y ordenándolo todo con firmeza y suavidad,
ven y muéstranos el camino de la salvación!
¡Oh Adonaà (Señor), Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaà le diste tu ley, ven a librarnos con el poder de tu brazo!
¡Oh renuevo del tronco de Jesé, que te alzas como un signo para los pueblos, ante quien los reyes enmudecen y cuyo auxilio imploran las naciones, ven a librarnos, no tardes más!
¡Oh llave de David y cetro de la casa de Israel, que abres y nadie puede cerrar, cierras y nadie puede abrir, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombras de muerte!
¡Oh sol que naces de lo alto, resplandor de la luz eterna, sol de justicia, ven a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte!
¡Oh Rey de las naciones y deseado de los pueblos, piedra angular de la Iglesia que haces de dos pueblos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra!
No puedo dejar pasar esta oportunidad. Hoy escuchamos el Evangelio de la anunciación, San Lucas nos lo cuenta en 1,26-38. Una majestuosa escena representada en este Icono y que simboliza lo siguiente:
1- La Virgen baja la cabeza al oÃr al ángel, y responde a su saludo con la mano derecha, mientras Cristo toma forma en su seno. Jesús está representado simbólicamente entre los pliegues del manto, como si naciera del hilo púrpura de la madeja que tiene MarÃa en la otra mano.
2- La solemnidad arcaica del arcángel se manifiesta en la dulce firmeza del movimiento bendecidor de su brazo.
3- La condición humana de MarÃa se simboliza con la túnica verde-azul, y el manto de color rojo indica que ha sido revestida de realeza divina. La tarima en que apoya los pies la sitúa en una dimensión sagrada y regia.