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Mostrando entradas de diciembre, 2012

Se apresura la salvación...

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Y se nos termina el Adviento. Se termina la espera. Se apresura la salvación. Cristo está a la vuelta del día, al legar la noche Buena, se nos regala la Navidad, la llegada de la Salvación a la casa de nuestro corazón. Estemos en vela, estemos atentos, el Mesías está cerca, a salvarnos viene. Quitemos los abrojos, arranquemos lo malo que el eterno se abaja, para salvarnos el alma, rindámosle alabanzas a quien hoy nos rescata. Noche Gloriosa, noche Dichosa, el cielo a la tierra besa, dejándola preñada de la alegría del Salvador. Apresuremos nuestro corazón, en el habitar quiere, el Mesías y Salvador, Jesús nuestro Redentor.

Ven, Renuevo maravilloso del tronco de Jesé...

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Desde hace tres días, dimos inicio a la exclamación de las “Antífonas Oh” ( ver enlace ) ya las he publicado anteriormente, pero la de hoy me llama mucho la atención, ya que nos habla de un tronco y de un retoño. Todos nos alegramos al ver un albor retoñar, echar flores y luego sus frutos. Nos alegramos de que lo sembrado sea cosechado y nos pueda alimentar. Pero si nace un retoño de un tronco viejo ¿qué podemos decir? Eso ya supera las fuerzas de la naturaleza, hay que admirar y alabar. Como lo hizo Abraham, cuando en su ancianidad engendró al hijo de las promesas. Como David, a quien se le prometió una descendencia gloriosa interminable. Del viejo tronco de Jesé, padre del rey David, brota un Renuevo lleno de gracia y de espíritu (es decir un hijo). «Reposará sobre él, el espíritu de Yahveh, espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh» (Is 11, 2). Será un líder maravilloso, revestido de justicia y misericordia....

Correr y apresurar el paso...

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Es Adviento!!! Corramos y alistemos los rincones de nuestro corazón, el Mesías llega. Viene con toda su humildad y mansedumbre a derrumbar las atalayas de soberbia y orgullo. Apresuremos el paso, coloquemos las antorchas y arranquemos la maleza, su luz transformadora y redentora arrasará con lo oscuro de nuestra maldad. No temamos en abrazar al eterno humanado, allí en la fragilidad de la carne mortal, está enteramente el Hijo de Dios, viene a Salvarnos. Limpiemos nuestras manos, preparemos nuestro pecho para sentir su calor y el leve palpitar de su corazón. Que junto al nuestro eleve una alabanza a Dios por tan inigualable intercambio. Es Adviento, adelantemos a limpiar y arreglar la habitación de nuestro corazón.

Esperanza que camina...

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Preparando los caminos...

Mi Adviento...

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Jesucristo vino al mundo, al mundo material como lo vemos y tocamos; el unió lo espiritual y lo carnal, hizo una sola cosa en él y, para todos nosotros. En esta, su primera venida históricamente no estuve, o mejor dicho este presente de la humanidad no estuvo, pero la que estuvo igual no lo notó. Hoy yo lo noto por lo que he leído y me han contado. De pronto, hubiera sido uno de los pastores que con becerro en hombro llegó al portal de Belén, o quizá sería como aquel rey, que buscaba asesinarlo por temor a que ese Niño lo quitara de su acomodado lugar de poder. Me hubiera gustado estar junto a los Reyes Magos de Oriente y presentarle tributos al Rey de Reyes, al Mesías, al Hijo de Dios Bendito. A lo mejor me comportaría como el dueño de la posada, y ante la búsqueda de lugar por parte de la Sagrada Familia, los hubiera echado por no tener lugar para ellos. Sé que el Señor viene a mi vida de una manera espiritual en este Adviento, llega a transformar y renovar, a alentar ...