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Mostrando entradas de febrero, 2013

Cristo nos da...

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Hoy me he recordado mucho de una canción que solemos cantar en el seminario. Me parece que es una excelente sugerencia por si acaso aún no hemos puesto en marcha los propósitos de esta cuaresma que ya está instalada. Acá les dejo la letra y un video (que   no me gusta mucho como suena, pero no encontré otro) Cristo nos da la libertad, Cristo nos da la salvación, Cristo nos da la esperanza, Cristo nos da el amor. Cuando luche por la paz y la verdad, la encontraré; cuando cargue con la cruz de los demás, me salvaré. Dame, Señor, tu palabra; oye, Señor, mi oración. Cuando sepa perdonar de corazón, tendré perdón; cuando siga los caminos del amor, veré al Señor. Dame, Señor, tu palabra; oye, Señor, mi oración. Cuando siembre la alegría y la amistad, vendrá el amor; cuando viva en comunión con los demás, seré de Dios. Dame, Señor, tu palabra, oye, Señor, mi oración.

Cristianos de Fe. . .

Hoy no se puede por cristiano como simple consecuencia del hecho de vivir en una sociedad que tiene raíces cristianas, también quién nace de una familia cristiana y es educado religiosamente debe, cada día, renovar la elección de ser cristiano, es decir dar a Dios el primer puesto frente a las tentaciones que una cultura secularizada le propone continuamente, frente al juicio crítico de muchos contemporáneos.               Benedicto XVI, audiencia miércoles de cenizas.

Montaña Abajada...

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…Y yo me sentía cual montaña en un acantilado, desafiando al viento, al sol y la lluvia, me creía poderoso y fuerte, dispuesto a echar en cara mi superioridad. Al viento le gritaba que no me movería, al agua le insistía en que no me tocara y ante el sol me plantaba a mirarle desafiante, hasta que la luna venia todos los días en su ayuda. Todo marchaba tal cual, hasta que un día una granada fragmentaria, cuyo detonado era la humildad, fue lanzada con voz queda, con miedo y suave; y llegó a los previos de mi monte. La humildad de esa voz tocó el corazón de roca ígnea que habitaba en lo más profundo de mi cuerpo rocoso. La explosión de amor ágape y sinceridad hizo que la corona de mármol que rodeaba mi coraza se desboronara y como camicaces los pedazos grandes y pesados fueron a estrellarse en las profundidades del acantilado. La coraza de roca caliza comenzó a agrietarse; poco a poco comenzaron a caer pedazos, unos al acantilado, otros en la pequeña ladera que bordeaba mis...

¡Que coraje y valor, Benedicto XVI!

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Ante la decisión del Papa Benedicto XVI al anunciarnos que ya no tiene fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino, aparte del asombro y la incertidumbre inicial que nos ha embargado, sólo queda hacer vida en nosotros la fuerza de la fe. Y es que citando al autor de la carta a los Hebreos, en su capitulo once (11), Por esta fe fueron alabados nuestros mayores, no nos queda mas que abandonarnos en la garantía de lo que se espera. Y el Santo Padre nos ha dado muestra de que es uno de Nuestros Mayores. El Papa Benedicto XVI nos ha preparado muy bien al proponernos este año de la fe. Al enseñarnos a valorar lo propuesto por el Concilio Ecuménico Vaticano II y al hacer vida en nosotros el nombre de Cristianos. No es momento de tristeza, todo es posible para el que se abandona en las manos cálidas del Amor de Dios. Para el que se sabe amado y redimido por su presencia redentora. Benedicto XVI, nos lo ha enseñado muy bien. Ya saltarán a la palestra los detractores ...

La belleza del rito litúrgico...

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Tomado de ZENIT.org “La belleza es la última palabra que el intelecto pensante puede atreverse a pronunciar, porque ésta no hace otra cosa que coronar, como aureola de esplendor inaprensible, el doble astro de la verdad y del bien y su relación indisoluble. Esta es la belleza desinteresada sin la cual el viejo mundo era incapaz de comprenderse, pero la que se ha ido de puntillas del moderno mundo de los intereses, para abandonarlo a su codicia y a su tristeza. Esta es la belleza que ya no es amada ni custodiada ni siquiera por la religión, sino que, como máscara arrancada de su rostro, pone al descubierto rasgos que amenazan resultar incomprensibles a los hombres. Esta es la belleza en la que ya no nos atrevemos a creer y de la que hemos hecho una apariencia para podernos liberar de ella sin remordimientos. Esta es la belleza, en fin, que exige (como hoy está demostrado), por lo menos otro tanto valor y fuerza de decisión de la verdad y de la bondad, y que no se deja re...