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IGLESIA, TEMPLO Y PARROQUIA. Precisiones canónicas e históricas sobre los templos matrices e históricos de Maracaibo. Pbro. Silverio Osorio.

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                                                                                                                              Fotos referenciales. Escribo estas líneas al día siguiente de la solemnidad de San Pedro y San Pablo, titulares de nuestra Santa Iglesia Catedral, porque considero oportuno fijar por escrito una distinción que con frecuencia se difumina en el lenguaje pastoral corriente y que, sin embargo, es imprescindible para comprender rectamente qué celebramos, cuándo y por qué: la diferencia entre iglesia o templo, de un lado, y parroquia, del otro. No se trata de una disquisición meramente académica; de ella depende que sepamos distinguir, por ejemplo, el aniversa...

Las manos sudorosas del pastor.

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La noche del sábado había caído sobre la casa parroquial con una quietud engañosa. El padre Renialdo permanecía sentado junto a la ventana de su habitación. Afuera, las luces dispersas del barrio titilaban entre los postes y las sombras. Sobre la pared, la bandera de la Resurrección parecía moverse suavemente con la corriente de aire que entraba por la ventana entreabierta. Había terminado de preparar la homilía del domingo, revisado algunos documentos de la cancillería, respondido mensajes y coordinado detalles de la semana. Todo estaba aparentemente en orden. Y sin embargo, algo pesaba. Se llevó una mano al rostro y permaneció inmóvil. Aquella tarde había leído una reflexión que le había dejado una herida abierta en el alma. Una frase seguía resonando: "¿Quién mira las manos sudorosas y el corazón del pastor?" Cerró los ojos. No era cansancio físico solamente.  Era otra cosa.  Era el peso acumulado de años.  Los bautizos celebrados.  Las confesiones...

Un día cualqiera.

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La casa cural estaba en silencio cuando el padre llegó. Eran pasadas las diez de la noche. Cerró lentamente la puerta principal y permaneció unos segundos inmóvil en el recibidor, como si necesitara convencer a su cuerpo de que la jornada había terminado. Había sido un martes particularmente movido. Aquella mañana se había levantado antes del amanecer con una sensación extraña. El cuerpo le pesaba. La garganta estaba reseca y le ardía ligeramente al tragar. Incluso creyó sentir algunas décimas de fiebre. —Ah, caramba... me estoy enfermando —murmuró mientras se observaba en el espejo del baño. Le sorprendió la sensación. Hacía mucho tiempo que no experimentaba algo semejante. Mientras tomaba una pastilla y se disponía a asearse para comenzar el día, un recuerdo apareció con nitidez. Tres años atrás, un domingo especialmente intenso, había ignorado todos los avisos que le enviaba el cuerpo. Había celebrado la primera misa, luego la segunda, visitado comunidades, atendido reunio...