Amar inmensamente.


Hace días alguien muy cercano me enviaba un bonito mensaje al cual al final de este, colocaba la palabra “amar” acompañada del adverbio “Inmensamente”, esto me invito a pensar acerca de nuestras relaciones de amistad con nuestros semejantes y del poder tan grande que tienen nuestras palabras. Estas pueden ser proyectiles que destruyen murallas de mal entendidos y barreras de orgullo, también pueden destruir buenas intenciones y corazones generosos.

La palabra escrita o expresada verbalmente es nuestra mejor forma de comunicarnos y de expresar los sentimientos de gratitud o ingratitud.

Es bueno recordar que el verbo, es la parte de la oración que expresa una acción y que el ser acompañado un adverbio, lo ensancha no cambiando su significado,  coloquialmente diría que lo expande, lo hace más fuerte y nos habla un poco de la fuerza con la que se emplea ese verbo.

En el evangelio según San Juan, nos encontramos con que Jesús en la ultima cena comienza su discurso de despedida y añade San Juan 13, 15: “Los Amo hasta el extremo”. Y esto es muy interesante ya que nosotros estamos llamados a imitar a Jesús que paso por el mundo haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo.


Nos toca Amar hasta el extremo, es decir Amar inmensamente, que implica reflexionar lo que nos dice San Pablo en 1era de Corintios capitulo 13 y entonces diremos que el “amor es paciente, es servicial, no es envidioso ni busca aparentar, no es orgulloso ni actúa con bajeza, no busca su interés, no se irrita, sino que deja atrás las ofensas y las perdona, nunca se alegra de la injusticia, y siempre se alegra de la verdad. Todo lo aguanta, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

Amemos inmensamente a la manera de Cristo.

Dios te bendiga.

Comentarios

Lennys Chourio ha dicho que…
He escuchado por allí "nadie da lo que no tiene" , lamentablemente no sabemos recibir, el Señor nos ha amado hasta el extremo y no hemos recibido ni pizca de ese amor, de ser así, pudiéramos entregar amor a manos llenas, pero nuestras manos están vacías.
Tendríamos que comenzar por aprender a recibir el amor del Señor y para hacerlo hay que acercarnos a Él, a su palabra y empaparnos de su amor, para luego ser multiplicadores del amor extremo

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