La Cripta del Algarrobo II.
El país de Concepción. Se decía que los extranjeros venían del país de Concepción , una tierra lejana y casi olvidada, envuelta en leyenda y misterio, un país más allá del mar, más allá del cielo, más allá del tiempo. Habían partido hacía incontables lunas, guiados por las constelaciones y por el sol mismo, que les mostró el camino, les confió una misión y les entregó una promesa. Buscaban una espada. Una espada antigua y poderosa, sagrada y luminosa, que según los relatos había sido forjada por el mismo sol, empuñada por los héroes del amanecer y escondida por los ángeles en tiempos de oscuridad. Traían consigo un mapa —raído, enigmático, de bordes quemados por la sal del tiempo— del que la mujer de vestiduras grises afirmaba que había sido dibujado por el sol en la última plenitud de su fuerza. Por eso hallaron con tanta certeza la Lámpara del Oritur Diez , oculta en el recinto ancestral. El mapa señalaba con claridad que, tras hallar la lámpara, debían seguir su luz hasta el ...