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Seguimos sembrando.

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Cuando el silencio no sólo se oye, sino que se respira, uno comprende que la paz no siempre es ausencia de ruido. A veces es el eco profundo del corazón, ese que late esperando… mirando a lo lejos como el padre del hijo pródigo. O como el labrador que, tras dejar la semilla en la tierra, ya no tiene más que esperar. Y esperar duele.  El cansancio no es pecado. Es humanidad. Es señal de haber amado, servido, insistido, más allá de lo que parecía posible.  Y sí, después de tanto vaivén, de tanta siembra y camino, uno también se fastidia.  A veces ni las horas pesan. Solo pasan. Y en medio del vacío, el alma balbucea: "¿Dónde estás, Señor?" Y sin embargo… Él está. En la oración sin palabras. En la presencia sin respuestas.  En ese kairos que no se mide con reloj, sino con fe.   Así como Asiria no vino a rescatar a Israel, hay auxilios que no llegan de donde esperamos. Pero hay un Rey que no falla. Y es tiempo de levantar su bandera.  No la del ruido n...

DIÁLOGOS III

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La lluvia continuó durante horas, como si el cielo se desahogara tras años de contención. Dentro de la casa, las voces se habían apagado. Solo quedaba el sonido del agua golpeando el techo y el silencio compartido de quienes entendían que algo profundo había comenzado a cambiar. Pedro se levantó con calma y miró uno a uno a sus hijos. —Hoy… no hemos vencido nada afuera. Pero sí algo dentro. Y eso, hijos míos, es el primer paso de toda profecía. La última vela ardía serena. Gabriel la protegía con una mano. Andrés, sin decir palabra, se acercó a su padre y lo abrazó largo rato. El eco de Curarire no era solo una leyenda, era una esperanza. Y esa noche, en medio del aguacero, había vuelto a latir. Al día siguiente... El cielo amaneció limpio, con un azul profundo y el aroma a tierra mojada llenando las calles. Pedro caminaba junto a Andrés y Gabriel por el camino empedrado que llevaba al centro del pueblo. Llevaban una bolsa de mercado, una lista arrugada y un corazón ligero,...