Café, Sacerdocio y el Peso de la Cizaña.
Dos sacerdotes amigos, Carlos y Santiago , toman un café en la casa parroquial después de una larga jornada. Carlos: (Sopla el vapor de su taza y mira a la nada por un momento) Santiago, qué barbaridad... A veces me asombra la crudeza del mundo y de la gente. Uno sabe que la maldad existe, es el mysterium iniquitatis. Pero lo que me sigue impactando no es solo que exista, sino que la gente se alinea con ella, la cultiva y actúa como tal. Santiago: (Asiente, con gesto de comprensión) Te sigo, Carlos . Es cuando le ves la cara en lo cotidiano que golpea más fuerte. Siempre me lo advertías, incluso antes de que yo entrara al seminario: una cosa es el pecado en abstracto y otra es verlo operar. Carlos: Exacto. Es que conozco a alguien... (baja la voz un poco) alguien malo. Tan malo, que es capaz de tomarse el tiempo de llamar por teléfono, solo para hablar mal de una persona. Para envenenar. Y no hablo de oídas, Santiago ... me ha pasado. Sé que han llamado para usar a personas ...