“Por muchos” y no “por todos”: un cambio que nos invita a comprender mejor el misterio.
En la celebración de la Eucaristía, cada palabra cuenta. Lo que decimos, cómo lo decimos y desde dónde lo decimos tiene un peso sagrado. Por eso, quizás algunos recuerdan que durante años escuchamos en la consagración del cáliz las palabras: “que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados” . Sin embargo, desde hace algún tiempo, la fórmula cambió: ahora decimos “por vosotros y por muchos” . ¿A qué se debe este cambio? ¿Acaso ya no creemos que Cristo murió por todos? La respuesta es sencilla y hermosa a la vez. El cambio no niega que Jesús dio su vida por todos los seres humanos —eso sigue siendo una verdad de fe, confirmada en muchos lugares de la Escritura (cf. 1 Tim 2,6; 1 Jn 2,2). Pero en la consagración, la Iglesia no busca explicar toda la teología de la salvación, sino ser fiel a las palabras que Jesús mismo pronunció en la Última Cena, tal como las recogen los Evangelios de Mateo (26,28) y Marcos (14,24): “por muchos” . Este ajuste respo...