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LA LLUVIA II.

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  Sábado El olor como invitado inoportuno invadía el espacio intangible del cuarto de Juanjo, él echado sobre su cama dormía de lo más placentero, pero su estómago como león rugiente hacia caso de lo que percibía su olfato, ¡comida! Juanjo, que aún tenía la ropa del día anterior, giro sobre su cama y entre dormido y despierto, comenzó una batalla mental entre levantarse y comer o simplemente dormir. Eran pasada las 9 de la mañana, el frio matinal comenzaba a desaparecer dando paso al calor ya acostumbrado. Su mamá estaba en la cocina haciendo sus faenas y preparando ya el almuerzo. Su papá, frente al televisor veía el resumen de los deportes de la semana. El hambre superaba las ganas de dormir, así que Juanjo se levanta y se sienta en su cama, mira el desastre de habitación, enciende su ordenador y se dirige al baño mientras se quita la ropa para asearse, al salir se instala frente a su ordenador, se frota los ojos y ve el reloj detenido. Abre su correo y se da cuenta que tiene...

Llantos vocacionales...

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¿Y quién llora una vocación que se va, o que se pierde? ¿Quien se preocupa por el que decide dejar todo lo que tomó por dejarlo todo? El llamado de Dios es inequívoco, Dios a diferencia de nosotros no se fija en apariencias, Él mira el corazón, mira nuestro potencial. Cree en nosotros como personas que hemos sido creadas por Él. ¿Quién lamenta la deserción en un seminario? Las manos que traen a Cristo Eucaristía se marchitan con el tiempo y mueren, ¿quién les sustituirá? ¿Dónde estamos invirtiendo nuestras oraciones? Los seminarios cada vez quedan más vacios, ¡no hay vocaciones! ¿Será que Cristo dejó de llamar? Nada que ver con eso, el llamado como sirena a la hora pico sigue sonando; es el ruido de nuestro mundo que lo vela cada vez mas. Pero Cristo sigue llamando. ¿Quien escucha el lamento de un árbol de vocación caer? Será a futuro un altar de la Eucaristía menos, un confesor menos, un párroco menos. Oremos por nuestras vocaciones, para que el dueño de la mies envíe operarios ...