Aslan, Meryl Streep y el olvido de lo simbólico.
Quienes sentimos un profundo aprecio por la obra de C. S. Lewis, por el legado de Tolkien y por esa profunda raíz de fe que late en los relatos de los Inklings, guardamos estos libros como una huella imborrable. Y precisamente por ese respeto a la obra, conviene detenerse a examinar qué hay detrás de tanta molestia. ¿Realmente se sostiene el escándalo o nos encontramos ante un brote de cerrazón e ideología?
Como bien ha señalado la propia dirección del proyecto, Aslan no es una simple metáfora lejana ni una alegoría abstracta; en la teología fantástica de Narnia, Aslan es la presencia de Jesucristo en ese mundo. Lewis no concibió a Aslan como un símbolo pasivo, sino como el mismo Verbo encarnado en la realidad de las criaturas parlantes.
Aquí es donde surge la paradoja: a nadie le causa escándalo que Lewis eligiera representar a Jesús como un mamífero cuadrúpedo gigante, con melena y garras —es decir, un león—. Todos aceptamos la nobleza del animal y la fuerza poética de la imagen sin pestañear. Sin embargo, ¿el problema insuperable es que la voz de ese león provenga de una mujer?
¿Por qué resulta admisible concebir a Dios hecho león, pero causa indignación que su timbre sea femenino?
En el fondo, estas reacciones revelan una forma de fundamentalismo. Y el fundamentalismo puede entenderse, en esencia, como la incapacidad de percibir lo simbólico; la falta de sensibilidad para captar la elocuencia de las figuras más allá de lo meramente explícito.
Quien queda atrapado en la literalidad absoluta pierde la capacidad de entender el lenguaje de los mitos y la poesía. Si nos pusiéramos estrictamente literales, Meryl Streep no podría interpretar la voz de Jesús en un león... sencillamente porque los leones no hablan.
La belleza de la literatura de Lewis descansa en su libertad para sugerir el misterio y la trascendencia a través de formas inesperadas. Reducir la voz del Creador a una cuestión de cerrazón o prejuicio terrenal es olvidar que el arte y la fe se expresan con una riqueza que trasciende por completo nuestras estrechas categorías.

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