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Adoro te...

El ser humano naturalmente es religioso. Esto lo atestigua la historia, las excavaciones que se han realizado y estudios ya viejos, nos lo muestran así. El hombre al no poder catalogar o explicar los fenómenos naturales, los asocio a seres superiores a él, esto dio origen a que colocara nombre a esas manifestaciones que casi siempre eran naturales. Surgieron así los dioses que regían el vivir de cada comunidad, el dios sol, luna, lluvia, relámpago y pare usted de contar. Aunque muchas de estas, encuentran solución ante la óptica de la ciencia, otras quedan en el laberinto de lo incomprensible   e inexplicable. Dios forma parte de la naturaleza, o mejor dicho de la creación. Él es el todo, ya que todo lo abarca. Él es el artífice y creador. Todo está impregnado de su presencia en lo bello, bueno y perfecto, sin caer en un panteísmo . Dios como buen padre, que quiere que todos los hombres nos salvemos y lleguemos al conocimiento de la Verdad. Esta verdad es su Hijo amado, Je...

Amar al mundo, amar a Dios...

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Dios es bueno. De eso, no hay dudas. Aunque, en ocasiones queramos hacer ver lo contrario, aludiendo pruebas y elaboradas alocuciones, todas caen por tierra, al contemplar la maravilla de lo creado. Al ver la complejidad de nuestro organismo y de cada célula y el funcionamiento de cada parte del cuerpo humano. El mundo es, aunque evolucionado, la obra maestra de un ser superior, un ser absoluto, el bien supremo, la idea creadora de las cosas (Platón) que poco a poco ha ido perfeccionando su obra, hasta   llegar al culmen, dándonos razón y libertad. No para manipularnos como titiritero, sino para que desde nuestra libertad y libre albedrío, le amemos sin restricciones o condiciones. Porque, quien ama obligado? A quien forzamos a que nos trate bien, tenga afecto hasta llegar al puro amor? A nadie!!! Eso no se logra. Y Dios nos hace libres para que desde esa “libertad” le amemos, y ese amarle queda de nuestra parte. Decidamos la mejor parte, “Amarle” Dios sabrá recomp...

Tiempo, temporalidad, eternidad...

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Y entonces me encontré cara a cara contigo, había olvidado la tranquilidad de tu voz y la armonía de tu presencia. Me había acostumbrado en verte imponente y majestuoso, tú allá y yo aquí, con mucha confianza pero sin nada de sabor. El tiempo como camicaces que se lanzan desde sus aviones a gran altura, se estrella contra la mente de nuestra humanidad llenándonos de recuerdos y señales de que su paso ha hecho mella en nosotros. Esto es inevitable y urge atrincherarnos y adiestrarnos para que su paso por nosotros, sea provechoso y agradable. Nosotros somos temporales, nacemos, vivimos y morimos. Aunque muere es nuestra corporeidad, nuestra alma es eterna y volvemos al Padre, de donde hemos salido. Cristo es nuestro principio y fin, unidos a el es que logramos transformar nuestra vida etérea, en una vida constante, que da frutos en abundancia, de tal manera que se convierte en una presencia del poder de Cristo en nosotros. A esto me refiero al aporte que han hecho grandes...

De puentes y caminos...

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Hoy ha sido un día muy interesante, bueno todos los días tan solo de vivirlos son ya interesantes, la cuestión de este, es el hecho de ver frutos que otros han sembrado y que te (me) causan mucha alegría. Ver que poco a poco personas se esfuerzan por construir puentes para acercar diferencias, distancias, costumbres y posiciones. Acercar diferencias de pensamiento, más no de ideología, acercar distancias con raíces de buenos amigos, acercar costumbres innovadoras que en nada divergen con lo pasado, acercar posiciones en cuanto a opiniones personales manteniendo el propio criterio. Hoy descubrir que es posible la construcción de estos puentes, caminos, barcos y hasta trenes, que nos ayudan a comunicarnos, muy a pesar de cómo somos y pensamos. Ver que en cuatro años las personas aunque no se dan a conocer del todo, son capaces de amarse mutuamente como hermanos en la fe. Que la promesa en la entrega sea la firmeza nuestra vocación.

De barcos y lanchas...

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Lo que he visto seguramente no es más que lo que ha vivido esta tierra, de hecho así es. Lo que he vivido no alcanza para contemplar las maravillas que nos ha preparado el Señor. Lo que he aprendido me invita a adorar al Señor que me ama. Descubierto he, que muchos somos majestuosos barcos que trasladamos a muchos personal sobre las aguas caudalosas de la visa. Otros somos lanchas muy rápidas y aerodinámicas, pero con muy poco espacio para algún otro compañero, amigo o pasajero. Algunos somos simple tablas sobre las aguas, que flota pero no se mueve, que al invitar a otros a subir, se hunde en las aguas tormentosas de la confusión. He visto en muchas ocasiones barcos feos, lentos y amplios, pero que son capaces de trasladar a gran cantidad de personas a doquier, sin importar distancia o clima. Veamos y reflexionemos. ¿Qué tipo de persona soy? ¿Ayudo al prójimo o simplemente me preocupo de mi propia supervivencia?