Cumulus III
El primer rayo de sol se colaba por la ventana, pintando de un naranja vívido el pequeño estudio que Joaquín, con más cariño que pretensión, llamaba su "scriptorium". El silencio de la casa era abrumador. En la penumbra, apenas iluminada por la lámpara de aceite que aún ardía, la pluma de Joaquín se deslizaba sobre el pergamino, trazando las últimas líneas de su relato, un relato nacido de la más inesperada de las noticias: Diana sería sepultada en la cripta del Algarrobo, un lugar que no recibía a nadie desde hacía siglos. Su corazón de escritor se había encendido con el misterio, y sus palabras, recién escritas, resonaban en el aire: "...y el Guardián, ya casi un susurro en el viento, pronunció la inscripción, la última que grabaría en la memoria del valle, las palabras que sellarían el destino de los hermanos y de las dos ciudades: 'Creati ab ipso Deo. Divisi superbia. Uniti morte.' (Creados por Dios mismo. Divididos por la soberbia. Unidos en la muerte.) Y ...